POLUCIÓN ASESINO SILENCIOSO

POLUCIÓN ASESINO SILENCIOSO

Las grandes ciudades del mundo, como Bogotá, Cali, Medellín o Barranquilla, cuentan con un gran número de fuentes emisores de agentes contaminantes del aire como fábricas e incendios forestales que producen humo y monóxido de carbono, algunos animales emiten metano como parte de su proceso digestivo, los pinos emiten componentes orgánicos volátiles, sin embargo, los agentes que tienen mayor impacto para la salud humana son los emitidos por las plantas industriales, los vehículos con motores de combustión interna que generan óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, dióxido de sulfuro y altas concentraciones de Material Particulado (PM2.5 y PM10), también existen otras fuentes como los aerosoles y otros gases, estufas incineradoras, botaderos de basura.

Toda esta alta concentración se mezcla entre sí y se dispersa a través de las ciudades, zonas periféricas y zonas rurales haciendo que todos los seres humanos tengamos que respirar esta gran cantidad de agentes contaminantes que son altamente nocivos para nuestra salud. 

Innumerables estudios al rededor del mundo, junto con la evidencia epidemiológica recolectada con el transcurrir de los años, indica una clara y definitiva relación entre la exposición a las partículas contaminantes del aire y los efectos negativos sobre la salud, especialmente las partículas más pequeñas que pueden llegar a las regiones profundas de los pulmones como los alveolos en donde se produce el intercambio del oxígeno que lleva el aire que respiramos hacia nuestra sangre, llevando consigo agentes tóxicos.

Esta dinámica permanente tiene como consecuencia importantes complicaciones en la salud a corto, mediano y largo plazo, afectando mayoritariamente a los grupos poblacionales más vulnerables como los son los niños menores a 5 años, personas con enfermedades cardiorrespiratorias y cardiovasculares y adultos mayores.

Según los indicadores de salud ambiental de la Secretaría Distrital de Ambiente, ha existido un notable aumento de la morbilidad por enfermedad respiratoria aguda en niños menores de 5 años en Bogotá, iniciando en 178.701 casos en el 2009 hasta llegar a los 532.475 en el 2014, con una leve disminución para el 2015, con 509.397 casos.

A corto plazo se presentan síntomas como dolor de cabeza, irritación ocular, irritación nasal, olor desagradable, irritación de la garganta, mal gusto, náuseas, tos, dificultad para respirar, síntomas de los ojos, la nariz y la garganta, incremento de flema, entre otros menores, sin embargo, la exposición a mediano y largo plazo se producen efectos agudos y crónicos. Agudos como reacciones inflamatorias del pulmón, síntomas respiratorios, efectos adversos en el sistema cardiovascular, aumento de las admisiones hospitalarias, aumento de la mortalidad, aumento en el uso de medicamentos, efectos tóxicos y alérgicos o de hipersensibilidad, infecciones bacterianas y fúngicas (de organismos vivos), irritación de las membranas mucosas (por ejemplo, ácido y álcalis). Y algunos efectos crónicos como reducción de la función pulmonar en niños, aumento de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, reducción de la función pulmonar en adultos, cáncer (amianto, cromatos), fibrosis (amianto, cuarzo), reducción de la esperanza o tiempo de vida, aumento de los síntomas respiratorios, agravación del asma y muerte prematura, entre otros.

Al respecto, el factor determinante para hacer frente a esta realidad en la que vivimos es tomar conciencia de los efectos mortales que tiene seguir respirando un aire con estas condiciones, a partir de ahí, se pueden generar iniciativas de carácter normativo como el seguimiento y control a las fuentes, de carácter reactivo como el uso de mascaras o filtros que purique el aire en diferentes escenarios como el hogar, la oficina y el vehículo, entre otros. 

 

Fuentes:

http://oab2.ambientebogota.gov.co/es/indicadores?s=l&id=308&v=l